Peritonitis infecciosa felina

Peritonitis infecciosa felina

La peritonitis infecciosa felina, una enfermedad oscura y temible

Si existe una enfermedad difícil de entender, difícil de diagnosticar, difícil de tratar y difícil de explicar, es sin duda la peritonitis infecciosa felina, también llamada PIF.
El pif es una patología infecciosa cuya etiología es un virus, llamado coronavirus. En general apenas uno comenta que es una enfermedad infecciosa piensa en contagio, vacunas, antibióticos, pero no es así. La posibilidad de contagio es pobre no existen vacunas efectivas y no solo no funcionan los antibióticos porque es un virus, sino además que no existe hasta la fecha un tratamiento eficaz para combatirla.
El pif es errático y tiene muchas caras de presentación, si bien hay mucha información, es difícil que los veterinarios no se confundan y tengan siempre dudas a la hora de diagnosticarlo.
Hay algunos síntomas que pueden ser bastante constantes, sin embargo, no siempre aparecen y difícilmente estén todos juntos.

Hay varias cosas que uno debe tener en cuenta y corregir para entender más a esta enfermedad-

1) El primer error es la denominación, ya que no es una peritonitis en el sentido estricto de la palabra, sino una perivasculitis, esa lesión de los vasos sanguíneos, no solo que define la patología sino que además es en muchas ocasiones define el curso, básicamente y para que se entienda, los vasos sanguíneos no son conductos impermeables sino que son permeables, si el entramado vascular se inflama (perivasculitis) este se expande y deja pasar proteínas. Estas actúan como una esponja atrayendo líquido, y es por eso que una de las formas de presentación más común y la más conocida es el PIF en su forma húmeda que se caracteriza por la acumulación de líquido en el abdomen y/o tórax.

2) La enfermedad se produce en un gran porcentaje en animales jóvenes entre los 4 meses y dos años, pero no es excluyente, la posibilidad de que en una condición de estrés esta patología se produzca en animales maduros es posible aunque de menor posibilidad.

3) Uno de los temas más importantes es saber que el virus, es un virus muy común y actúa sobre el aparato digestivo. Se contagia con facilidad entre gatos, pero lo que sucede es que el coronavirus en circunstancia particular es difícil y largo de explicar, muta y al mutar se transforma en un virus patógeno que genera otra enfermedad distinta a la intestinal, que se llama pif.

4) O sea no todos los gatos que se contagian coronavirus van a desarrollar la enfermedad, sólo la desarrollarán algunos que tienen la condición para hacerlo (predisposición hereditaria para mutar el virus y el estrés necesario para que sus defensas caigan. Esto trae un problema que muchos veterinarios no entienden aún, la detección de este virus o la titulación no sirve para el diagnóstico definitivo de esta enfermedad, porque el virus mutado no difiere antigénicamente en las pruebas del virus intestinal.

5) Hay muchas enfermedades que son menos peligrosas que comparten signos y síntomas, de allí la necesidad de conocer los cursos de otras enfermedades como para no confundirse. El PIF clásico que sería el más conocido, es el húmedo.
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¿Cuáles serían los signos clínicos más constantes de esta forma?

a) Animal joven que cambia de comportamiento sintiéndose muy decaído y en ocasiones come menos o está anoréctico (falta total de apetito).
b) Distención de abdomen (abalonado).
c) Signos nerviosos de variadas formas desde parálisis, ticks, signos encefálicos, dismetría, etc. (puede no estar).
d) Signos oculares con una lesión denominada uveítis, (básicamente se observa un cambio de coloración en uno de los ojos). Puede no estar.
e) Disnea en ocasiones cuando el líquido se acumula en tórax.
f) Fiebre persistente.

La enfermedad tiene un ciclo relativamente corto, es insidiosa y suele complicarse día a día, y una vez diagnosticada la posibilidad de remisión es casi nula y la mortalidad es casi segura.
Existe además la forma seca, que es muy común en animales de raza como el siamés, esta tiene además muchos signos variables, puede ser neurológica pura (solo signos nerviosos que avanzan día a día) puede ser ocular, puede ser intestinal donde la manifestación suele confundirse con un linfoma intestinal. Esta última forma es muy poco conocida y suele confundirse con signos de tumores, ya que el principal ganglio abdominal suele estar muy agrandados y los gatos suelen tener diarreas incontrolables.
Como verán la enfermedad es muy compleja y sin lugar a dudas al ser una enfermedad con un lado congénito la posibilidad que sea más común en gatos de raza es muy alta. Esto hace que en ciertas poblaciones de gatos la incidencia sea baja.
La necesidad de encontrar un método diagnóstico eficaz de esta enfermedad con el gato vivo sería ideal. Ya que nos sacaría muchas de las dudas que genera esta enfermedad en pleno curso.

Nos es muy difícil como veterinarios, decir que por una simple consulta oftalmológica como lo es una uveítis, y con un termómetro, le podamos decir casi con seguridad al propietario que su mascota va a morir. Por eso debemos ser prudentes y cautos. En general nos piden alguna prueba diagnóstica confirmativa, al no existir, nos piden un tratamiento y al no existir, nos miran como que estamos perdidos.
Es increíble la cantidad de colegas que sin embargo confían en métodos como el uso de detección de virus coronavirus y dan esa prueba como confirmativa de PIF, lo mismo que hay muchos laboratorios que hablan de PIF positivo o negativo en base a una detección de virus, que engañan y confunden a los colegas.

Por ahora hay muchas promesas de tratamientos eficaces aun no disponibles en nuestro medio y en fase experimental. Sin embargo por ahora hay que enfocarse en el diagnóstico, en realizar epidemiología eliminando parejas sospechosas de gatos que tienen varios hijos con historia de PIF y en comunicar todo lo que se descubre y sabe.

Esta no es una enfermedad contagiosa por eso no hay que ocultarla y es necesario que los veterinarios entiendan la necesidad de informarse con gente seria.

Un último consejo, como la única manera de diagnosticar esta enfermedad es realizando histopatología del órgano afectado, es necesario realizarlo en muchas ocasiones en la necropsia. Es indispensable que los veterinarios hagan necropsia de animales sospechosos y necesitamos de la colaboración de los propietarios para que dispongan los cuerpos para la realización de la misma.

Es muy importante llegar a conclusiones de ambos lados, hacernos el ojo buscando lesiones piogranulomatosas, y otros signos, y la necesidad como propietario de entender que hay enfermedades piogranulomatosas que son contagiosas como la tuberculosis que son transmisibles al humano, si bien esto último es muy raro y poco probable, esta enfermedad se va a conocer bien y algún día a controlar, pero sólo con la colaboración de todos.

Dr. Alejandro E Paludi
Médico Veterinario FCV UBA
Especialista titulado en medicina de felinos domésticos FCV UNR
Docente área fauna FCV UBA
Docente tutor para la FCV UNICEN
aepaludi@hotmail.com