Un nuevo integrante está por llegar a la familia

Muchos perros, adoptados de pequeños, llegan a la consulta etológica con problemas de comportamiento de meses o años de evolución. Cuando pregunto a sus propietarios como se comportaban cuando tenían alrededor de tres meses de edad responden, según sus experiencias, que eran tranquilos, amigables, temerosos, cascarrabias, o “la piel de Judas” porque cachorroTomrompían todo lo que llegaba a su alcance. En algunos de estos casos sus comportamientos adelantaban la posible aparición, en el futuro, de problemas más o menos serios si no se comenzaba pronto a educarlos adecuadamente.

Cuando la familia me consulta por los inconvenientes que le genera la convivencia con su compañero de 4 patas, les pido que, además de comentarme el comportamiento actual, me informen sobre cuanto tiempo estuvo solo durante la etapa de cachorro; que posibilidad tenía de interactuar con otros perros, y con personas adultas o niños de diferente sexo y características; como era el ambiente donde permanecía; sus juguetes y juegos preferidos; y si realizaba paseos por lugares con olores, ruidos y movimiento diferentes.

Respecto de su vida actual expresan, entre otras cosas: “Está solo todo el día porque trabajamos muchas horas y no tenemos tiempo para ocuparnos de él, tampoco durante los fines de semana porque nuestra agitada vida social o deportiva no nos lo permite”; “No pasea casi nunca, sale sólo para aisladas visitas al veterinario, la casa es grande, tiene jardín y por lo tanto no necesita más, además se comporta muy mal en la calle”; “Carece de juguetes porque jamás pensé que fueran necesarios”; “No está en contacto con perros porque pueden lastimarlo, y además le contagian pulgas u otras enfermedades”; “No lo llevo a un parque porque se ensucia y duerme conmigo en la cama”; “Se lleva muy mal con sus congéneres, les tiene miedo o es agresivo con ellos”…

Los datos recogidos en la entrevista junto a la observación del paciente son imprescindibles para arribar al diagnóstico y definir los pasos a seguir para reorganizar su conducta.
No hay que olvidar que el perro pertenece a una especie que vive en grupo en el que cada miembro ocupa una posición definida por su jerarquía, respetan un orden para alimentarse y descansan en lugares asignados según su posición social. Tampoco, que cuando convive con el hombre se rige por los mismos códigos y reglas de un grupo formado por perros. Además, que el comportamiento depende de la genética, el ambiente, y de lo que aprende desde sus primeros días junto a su madre y hermanos, y más tarde con las personas con quienes convive.LuluP1030495

El cachorro desconoce lo necesario para sobrevivir y al ser separado de su madre necesita, para seguir aprendiendo a interactuar con los otros y con el ambiente, la ayuda de su propietario, quien debe brindarle tiempo, paciencia y dedicación para transformarlo en un adulto con comportamiento equilibrado. La socialización, habituación a distintos estímulos y el mensaje claro, coherente y sin malos tratos evitará conductas indeseables en él.

Cada sujeto es un mundo diferente que debe explorarse detenidamente y, en función de su temperamento y posibilidades, enseñarle lo deseado, siempre respetando los códigos y rituales caninos, y permitiéndole desarrollar el repertorio comportamental propio de la especie. Nada se consigue sin esfuerzo, por eso, con buen asesoramiento cuando el cachorro llega al hogar, e interacción y estímulos diarios adecuados no existen las malas conductas.
Por lo tanto, no basta con comprar una buena raza para obtener un buen animal de compañía.

Desde el primer día, es positivo asignarle un lugar para comer, para dormir y retirarse si desea alejarse o refugiarse cuando se lo reprende, también desalentar el apego excesivo a un miembro de la familia que lo llevará a sentirse mal cuando la persona se ausente. No es recomendable que comparta la cama con el propietario, pero como en biología no siempre la suma de dos más dos resulta cuatro, también en este caso algunos no manifestarán malas conductas si lo hacen y en otros quedará claro que es una decisión errada. Si el sujeto tiene temperamento fuerte, el dormir junto a su dueño le dará un mensaje que leerá diferente al que se le quiere transmitir; para la persona es un gesto de cariño compartir su espacio pero él entenderá que tiene posibilidades de competir por una posición jerárquica más elevada, lo que sumado a otras experiencias de la rutina diaria facilitará el desarrollo de agresividad del perro hacia las personas con quienes convive.

Para lograr el compañero ideal, ya sea de raza conocida o indefinida, es conveniente no darle sólo importancia a su aspecto físico sino también, si es posible, averiguar cómo se comportan sus padres. Es necesario que la madre posea comportamiento equilibrado, ya que es la primera maestra del cachorro, y hay que permitirle permanecer junto a ella el tiempo necesario para posibilitarle asimilar lo que ella le puede transmitir y él utilizará más tarde.

cachorro DSC03909Desde el primer día, ya en su nuevo hogar, debe ser educado y habituado a los diferentes estímulos cotidianos con los que tendrá que convivir. El ambiente variado le permite al cachorro desarrollar su curiosidad, explorar, aprender, y así hacerse más apto para enfrentar adecuadamente las diferentes situaciones que se le presentarán en la adultez.

Por lo tanto para lograr un perro con perrolidad agradable no se necesita una raza determinada, solo se requiere ser coherente en el mensaje que se le brinda a diario, ofrecerle un ambiente variado y tener tiempo disponible para interactuar y disfrutar con él de manera correcta.

A pesar de mis años de experiencia en esta especialidad de la medicina veterinaria lo que averiguo durante la consulta sobre la vida diaria de mis pacientes muchas veces me sorprende: “no tengo tiempo…, llego cansado y sin ganas de hacer otra cosa…, los chicos me agotan…, el fin de semana quiero que sea para mí…”
Y entonces me pregunto por qué y para qué convivir con un perro, que es un animal social.

Antes de invitarlo a compartir nuestra vida no sólo hay que pensar en el momento actual sino también en lo que la vida nos traerá mañana. Si se carece de tiempo para dedicárselo es preferible desechar la idea de incorporarlo a la familia. Independientemente de su tamaño y fisonomía de adulto no es un juguete, es un ser vivo con necesidades que deben respetarse para no afectar su bienestar físico y emocional, y cuya buena conducta resultará de una correcta comunicación con él y trabajo compartido.
No se debe ser egoísta y pensar solamente en las necesidades propias sino también en las del otro, como expresé no es un peluche, él no pidió estar con nosotros, nosotros lo invitamos a él y merece una vida compartida, sana y feliz.

Dra. Silvia I. N. Vai
M. V., Especialista en Etología en pequeños Animales CPMV
Unidad de Etología Clínica, Hospital Escuela F. C. V., U. B. A.
vaisilvia@yahoo.com.ar 011-4701-4366
http://silviavai.blogspot.com